Entiendo perfectamente que tengas miedo. El pánico no solo asusta por las sensaciones físicas, sino también por la confusión que genera. Si estás sintiendo que tu vida se está encogiendo por el miedo a tener “otro ataque” y estás valorando pedir ayuda, es normal que tengas muchas preguntas.
Como psicóloga, estas son las dudas más comunes que escucho en mi consulta, y quiero respondértelas directamente:
1. “¿Son peligrosos los ataques de pánico? Siento que me voy a morir o que me dará un infarto.”
Esta es la sensación más aterradora y la pregunta más importante. Quiero que sepas algo fundamental: aunque se sienta como un infarto, asfixia o que estás perdiendo el control, un ataque de pánico no es peligroso en sí mismo.
Es una falsa alarma de tu sistema nervioso; una reacción intensa de “lucha o huida” que se activa en un momento incorrecto. No te causará un infarto ni te ahogarás.
En terapia, el primer paso será que entiendas por qué tu “alarma de incendios” interna se está activando cuando no hay fuego.
2. “¿Me estoy volviendo loco/a? Siento que pierdo el control de la realidad.”
No, no te estás volviendo loco/a. Esa sensación de irrealidad (como si estuvieras en una película o desconectado/a de ti) tiene nombres: se llaman desrealización y despersonalización.
Son síntomas muy comunes del pánico y, aunque son extremadamente desagradables, son solo un mecanismo de defensa de tu cerebro. Es una forma de “protegerte” de una sensación que interpreta como abrumadora. Es temporal y desaparece cuando el pánico disminuye.
En terapia aprendemos a reconocer esta sensación, a no asustarte de ella y aprender técnicas para volver a “conectar” rápidamente.
3. “¿Por qué me pasa esto? A veces siento que aparecen ‘de la nada’.”
Es una pregunta muy común. Aunque lo parezca, es muy raro que un ataque de pánico surja “de la nada”. Generalmente, son el resultado de un estrés acumulado que, quizás, no has sabido gestionar.
Me gusta usar esta metáfora: imagina que tu sistema nervioso es un vaso de agua. Pequeñas gotas de estrés (trabajo, familia, preocupaciones económicas, falta de sueño) lo van llenando día a día. Tú no te das cuenta, hasta que una última gota (quizás una discusión simple o incluso un pensamiento) hace que el vaso se desborde. Ese desbordamiento es el ataque de pánico.
Nuestro trabajo en terapia será identificar esas “gotas” de estrés y encontrar formas de vaciar el vaso antes de que se desborde.
4. “¿Qué haremos en la terapia? ¿Solo vamos a hablar?”
Hablaremos, por supuesto, pero será una conversación con un objetivo claro y con técnicas específicas. Como por ejemplo:
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Entenderás (Psicoeducación): Te explicaré qué es el pánico, por qué ocurre y por qué no es peligroso. Solo entender esto ya te dará un alivio inmenso.
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Aprenderás (Técnicas): Te enseñaré técnicas de respiración y relajación muscular que realmente funcionan para calmar el sistema nervioso (no las que se leen por internet, sino las que desactivan fisiológicamente la respuesta de pánico).
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Cambiarás (Reestructuración): Identificaremos juntos esos pensamientos catastróficos (“me voy a morir”, “no puedo respirar”) y aprenderás a cuestionarlos y reemplazarlos por pensamientos realistas.
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Actuarás (Exposición): Te ayudaré a ir recuperarando tu vida, dejando de evitar lugares o situaciones por miedo.
No solo “hablamos”; mi objetivo es que te lleves un manual de instrucciones de tu propio sistema nervioso.
5. “¿Ir a terapia significa que tendré que enfrentar lo que me da miedo? ¿Me vas a provocar un ataque?”
Mi objetivo principal es que pierdas el miedo al miedo. Parte del problema del pánico es la “agorafobia” o el miedo a que te dé un ataque en un lugar donde no puedes escapar (el metro, un supermercado, conduciendo).
Sí, eventualmente te ayudaré a enfrentar esas situaciones, pero no te forzaré a hacer algo para lo que no estés preparado/a. El proceso se llama exposición gradual y es totalmente controlado. Es como aprender a nadar: primero te daré las herramientas (flotadores, técnicas de respiración) en la orilla, y solo cuando te sientas seguro/a, nos acercamos al agua.
Mi prioridad es que tú recuperes el control, siempre a tu ritmo.
6. “¿Necesito tomar medicación para esto?”
Esta es una duda muy válida. Como psicóloga, mi trabajo se centra en la terapia y yo no receto medicamentos. Sin embargo, soy realista: en algunos casos de pánico muy intenso o frecuente, la medicación (recetada por un psiquiatra) puede ser una gran ayuda, especialmente al principio.
La medicación puede actuar como un “flotador” que te ayuda a mantener la cabeza fuera del agua mientras yo te enseño a nadar (que es lo que hacemos en terapia). El objetivo final de la terapia es que desarrolles las herramientas para que, con el tiempo y la aprobación de tu médico, puedas gestionar tu ansiedad sin necesidad de medicación, o con la dosis mínima necesaria. Puedo trabajar perfectamente en conjunto con un psiquiatra si fuera necesario.
7. “¿Realmente esto se puede curar? ¿O tendré que vivir con esto siempre?”
Quiero terminar con la mejor noticia: el trastorno de pánico tiene uno de los mejores pronósticos de tratamiento en salud mental. Sí, se supera.
“Curarse” del pánico no significa que nunca más vayas a sentir ansiedad (la ansiedad es una emoción humana normal y necesaria). “Curarse” significa que la ansiedad dejará de controlar tu vida. Significa que, si un día notas que la alarma interna se enciende, sabrás exactamente qué hacer para apagarla, no te asustarás y seguirás con tu día.
El objetivo de la terapia es que pases de “Tengo miedo de tener un ataque” a “Sé qué hacer si la ansiedad aparece”. Y te aseguro que eso se logra con paciencia.
