¿Qué es un ataque de pánico, síntomas y cómo calmar el sistema nervioso?
Imagina esta escena: estás en la fila del supermercado, conduciendo tranquilamente o descansando en el sofá. Todo parece estar en calma. De repente, sin previo aviso, el corazón se dispara, te falta el aire y sientes un terror absoluto. Tu mente grita: “Algo terrible va a pasar. Me estoy muriendo o me estoy volviendo loco”.
Si has sentido esto, has vivido un ataque de pánico. Es una de las experiencias más aterradoras que existen, sobre todo porque, a menudo, no entendemos por qué ocurre si “no estaba pasando nada malo” en ese momento.
Para entenderlo realmente, uniremos la psicología clínica moderna con una antigua historia: el mito del dios Pan.
¿Qué es el pánico? Entre el mito y la biología
Para la psicología profunda, la palabra “pánico” no es casualidad. Viene del antiguo dios griego Pan, una deidad mitad hombre y mitad cabra que habitaba en los bosques salvajes.
El mito cuenta que a Pan le gustaba dormir la siesta en lugares apartados. Si algún viajero lo despertaba bruscamente, él soltaba un grito aterrador. Este grito provocaba un miedo irracional y contagioso en quienes lo escuchaban, haciéndolos huir despavoridos sin ver una amenaza real.
¿Qué nos dice la ciencia de este “grito”? Biológicamente, ese grito antiguo tiene un nombre: la respuesta de lucha o huida.
Cuando tienes un ataque de pánico, tu cerebro (específicamente la amígdala) enciende la sirena de alarma máxima, creyendo que estás frente a un depredador mortal. Tu cuerpo se inunda de adrenalina y cortisol para salvarte la vida. El “problema” es que, en un ataque de pánico, esta respuesta es una falsa alarma: el mecanismo de supervivencia se activa al 100% en un momento en que estás seguro en tu casa o trabajo.
Es decir: sientes el terror biológico de estar frente a un león, pero a tu alrededor no hay leones. Es la fuerza de la naturaleza (Pan) desbordándose en un contexto civilizado.
Síntomas principales: ¿Cómo se siente la alarma?
Aunque se origina en el cerebro, el pánico es una experiencia profundamente física. Los síntomas más comunes incluyen:
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Palpitaciones o taquicardia: El corazón late con fuerza para bombear sangre a los músculos (preparándote para correr).
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Sensación de asfixia: Dificultad para respirar o hiperventilación.
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Miedo inminente: La certeza absoluta de muerte o pérdida de control.
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Síntomas físicos diversos: Sudoración, temblores, mareos o sensación de irrealidad (desrealización).
Causas del ataque de pánico: ¿Por qué se activa ahora?
Si no hay un león, ¿qué aprieta el botón de esa alarma? Generalmente, es una mezcla de factores que se acumulan:
1. El “Vaso Lleno” (Acumulación de Estrés)
Rara vez el pánico surge por el evento del momento. Imagina tu sistema nervioso como un vaso. El estrés laboral, problemas familiares, deudas o falta de sueño lo van llenando gota a gota. El ataque de pánico es simplemente el momento en que el vaso se derrama. El sistema colapsa y libera la tensión acumulada de meses en unos pocos minutos.
2. La “Sensibilidad a la Ansiedad” (El miedo al miedo)
Esta es una causa psicológica clave. Ocurre cuando interpretamos sensaciones corporales normales como catastróficas.
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Ejemplo: Subes escaleras y tu corazón se acelera (normal por el ejercicio). Si piensas “¡Es un infarto!”, tu cerebro libera más adrenalina, acelerando aún más el corazón. Se crea un círculo vicioso: no es el síntoma lo que causa el pánico, sino tu interpretación del síntoma.
3. Factores Biológicos
Algunas personas nacen con un sistema nervioso más reactivo. Al igual que hay personas con piel sensible al sol, hay sistemas de alarma más sensibles a los estímulos. No es una debilidad, es una característica de tu temperamento.
El cuerpo como aliado: Herramientas somáticas para la calma
Si el pánico es una respuesta física y biológica, no podemos detenerlo solo con el pensamiento. En el momento del ataque, la lógica se apaga. La vía más rápida para salir es usar el cuerpo para enviar señales de seguridad al cerebro.
Aquí tienes tres herramientas somáticas clave:
– Volver a la tierra (Grounding)
Cuando Pan grita, sentimos que “perdemos el piso”.
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La práctica: Presiona fuerte los pies contra el suelo. Siente la textura de tus zapatos y la firmeza del piso. Toca la pared o los brazos del sillón. Enfócate en la sensación de sostén. Esto le dice a tu sistema nervioso: “Aquí hay suelo, no estás cayendo al vacío”.
– Alargar la exhalación
El pánico nos hace tomar mucho aire rápido (hiperventilar), lo que aumenta la alarma.
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La práctica: No intentes respirar profundo de golpe. Concéntrate solo en soltar el aire. Exhala muy lento, como si soplaras una vela suavemente o a través de una bombilla imaginaria. Al exhalar lento, activamos el nervio vago, el “freno” natural del corazón.
– Movimiento y descarga
La adrenalina es energía química diseñada para correr. Quedarse quieto puede aumentar la sensación de atrapamiento.
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La práctica: Si el cuerpo te pide moverte, hazlo. Sacude las manos, camina con paso firme o contrae y suelta los músculos de las piernas. Ayuda a tu cuerpo a “quemar” y descargar el exceso de energía.
Preguntas frecuentes (FAQ)
¿Cuánto dura un ataque de pánico? La intensidad máxima suele durar entre 5 y 20 minutos, aunque el cansancio o malestar residual puede durar horas.
¿Puede un ataque de pánico causar un infarto? No. Aunque los síntomas se parecen, un ataque de pánico no daña el corazón ni causa la muerte. Es una respuesta de ansiedad, no un fallo cardíaco.
Conclusión: De la batalla a la escucha
Vivir con miedo a que el pánico regrese es agotador. Es como caminar por el bosque esperando una emboscada. Pero recuerda: esa respuesta no es un “error” de tu cuerpo, es un mecanismo de defensa primitivo que necesita ser recalibrado.
La verdadera sanación llega cuando dejamos de luchar contra el síntoma y empezamos a escuchar el mensaje que trae. En terapia, trabajamos para regular tu sistema nervioso e integrar esas emociones que, al no ser escuchadas, terminan gritando a través del cuerpo.
El pánico es tratable y es posible recuperar la confianza en ti mismo.
¿Necesitas apoyo profesional?
Si te identificas con estos síntomas y sientes que la ansiedad está limitando tu vida, estoy aquí para acompañarte.
Soy Maria Cristina Urra, psicóloga clínica y psicoterapeuta. Trabajo integrando la palabra y el cuerpo para ir a la raíz del malestar.
📍 Consulta Presencial: Providencia, Santiago de Chile. 💻 Consulta Online: Disponible para todo el mundo.
