Un espacio de transformación y autoconocimiento

En las últimas semanas, he notado un motivo de consulta recurrente. No es un síntoma individual, sino una atmósfera compartida: una sensación de pesadez, un agotamiento que no desaparece con el sueño y una irritabilidad latente.

Muchos de mis pacientes describen sentirse “rotos” por dentro sin haber sufrido una pérdida directa. En psicología, esto tiene un nombre: fatiga por compasión.

Como venezolana residente en Chile desde hace 10 años, esta sensación me es familiar. Vivimos momentos complejos donde se superponen dos realidades dolorosas: la crisis prolongada en Venezuela y la emergencia de los incendios en el sur de Chile. Aunque no estemos en el epicentro físico, nuestra psique no conoce fronteras.

Hoy quiero invitarte a reflexionar sobre la fatiga por compasión, por qué ocurre y cómo manejar este duelo colectivo sin perder nuestra salud mental en el proceso.

La psique no tiene fronteras: El origen del trauma vicario

Desde la psicología profunda, entendemos que no somos islas. Existe una conexión invisible que nos une a nuestra comunidad y a nuestra historia. Cuando esos lugares sufren, se activa en nosotros una resonancia emocional inmediata.

Nuestro cerebro está diseñado para la empatía. Las neuronas espejo nos permiten “sentir con el otro”. Por eso, al ver imágenes de los incendios en Chile  o la situación política en Venezuela, tu sistema nervioso reacciona casi como si estuvieras allí. Esto puede derivar en un trauma vicario: experimentar los síntomas del estrés postraumático simplemente por ser testigo del dolor ajeno.

El problema radica en que, a diferencia de quienes están en el terreno, nosotros no podemos “correr” ni “apagar el fuego”. Esa energía de movilización se queda estancada en el cuerpo, transformándose en ansiedad o impotencia.

¿Qué es la fatiga por compasión y por qué duele mirar?

Es posible que en estos días te hayas sentido culpable por querer apagar el televisor. Sin embargo, es vital entender que la fatiga por compasión es un mecanismo de defensa biológico, no una falta de amor.

Estar expuestos continuamente a relatos e imágenes de dolor tiene un costo alto. Llega un punto en que nuestra capacidad de procesar el sufrimiento ajeno se satura. Cuando el “tanque” de la empatía se vacía, surge el entumecimiento emocional. Reconocer que sufres de fatiga por compasión es el primer paso para dejar de juzgarte: necesitas recargar para poder seguir siendo un soporte emocional efectivo.

La culpa del sobreviviente y la sombra del migrante

Un aspecto crucial que observo en la comunidad migrante es la culpa del sobreviviente. Es esa voz interna —parte de nuestra sombra— que nos susurra que es incorrecto estar bien, dormir en una cama segura o tener estabilidad mientras en nuestro país de origen hay caos.

Sin embargo, desde una mirada analítica, debemos preguntarnos: ¿De qué sirve mi sufrimiento autoimpuesto?

Paralizarnos en la culpa no ayuda a las víctimas. Tu bienestar no es una traición; es el recurso necesario para poder sostener, escuchar y actuar. Para combatir la fatiga por compasión, necesitamos estar íntegros, no rotos.

Del espectador pasivo al testigo consciente

Entonces, ¿cómo manejamos esta marea de emociones y el estrés traumático secundario? No se trata de volvernos fríos, sino de movernos de ser espectadores pasivos a ser testigos conscientes.

1. Ritualizar el dolor: La psique necesita símbolos. En lugar de rumiar pensamientos catastróficos, realiza un acto simbólico (encender una vela, escribir). Darle un lugar físico a la emoción ayuda a que no se quede atrapada como síntoma.

2. Acción focalizada: La mejor cura para la impotencia es la acción pequeña. Colabora con una causa específica o escucha a alguien. La acción rompe la parálisis.

3. Higiene de información: Para prevenir la fatiga por compasión, infórmate para entender, no para sufrir. Pon límites claros al consumo de noticias.

Reflexión final

Es natural sentir tristeza; eso habla de tu humanidad. Pero recuerda que cuidarte a ti mismo en tiempos de crisis no es egoísmo, es responsabilidad. Si sientes que la fatiga por compasión te está desbordando, recuerda que el espacio terapéutico está disponible para procesar y dar sentido a lo que ocurre dentro, mientras el mundo afuera sigue girando.